domingo, 27 de enero de 2008

Caro Michele/15

Resulta que Tim Robbins la encuentra, Migue. Ella sale de su trabajo y camina hacia su casa, presumiblemente. Pero ella es sorda y cuando no quiere escuchar algo, apaga el audífono. Entonces, Tim Robbins la llama por el nombre. Dos veces. Hasta que Sarah Polley se da vuelta y lo mira. No importa lo que sigue. Importa esto: él le dice que pensó que, a lo mejor, un día, podrían ir a algún lado; hoy mismo, le dice, si no tiene nada que hacer.
La ves mirarlo. Le contesta rápido que no, que no cree que sea posible. Y él le pregunta por qué no.
Ella piensa y camina un rato. El la sigue. Ella se da vuelta, lo vuelve a mirar.
"Porque tengo miedo de que si vamos juntos vos y yo a un sitio uno de estos días, tal vez hoy no, quizás mañana tampoco... Sólo un día de repente... puede que empiece a llorar y llore tanto, tanto, tanto que nada ni nadie pueda pararme, y las lágrimas llenen la habitación y me falte el aire y... y... te arrastre conmigo y nos ahoguemos y..."
Ella dice todo eso y tiene los ojos llenos de lágrimas y esa cara de que se va a romper en mil pedazos porque parece muy frágil pero te das cuenta que ella no quiere otra cosa que ir a algún lado, uno de estos días, con él pero está lastimada y tiene miedo y se asusta porque está llena de cicatrices. Por todos lados.
Y entonces, él le contesta: Aprenderé a nadar. Te lo prometo. Aprenderé a nadar.

No importa lo anterior ni lo que viene luego. Importa esto, porque ella es una sobreviviente y él también. Y los dos necesitan a alguien, algo, que les salve la vida.

Todos necesitamos a alguien o algo que nos salve la vida, no te parece, Migue.

En algún momento, un rato antes de esto que te cuento, canta Tom Waits y cuando escucho a Tom Waits me acuerdo de lasombranegra y de vos, pero esta vez, me acordé sólo de vos porque muchas veces me pregunto si a vos no te hubiese hecho falta alguien que te salvara y porque te hubiese encantado esta película aunque hubieses puteado por el final feliz, que no es tan feliz porque ella sigue llena de cicatrices.
Y yo sé que vos pensás que todos nos salvamos solos pero no. Solos somos como una silla de tres patas y una pared a medio construir.
Yo no le salvé la vida a nadie. Ayudé a algunos, un rato, con la mejor ayuda que puedo dar; ellos lo saben, no lo pueden negar. Y los ayudé hasta donde me dio el cuero y cuando no me dio más, bueno... No me arrepiento de haberlos ayudado, que cada uno haga su balance. No estoy arrepentida y en las mismas circunstancias, actuaría igual. Y cuando esas circunstancias cambiaran, cuando a mí no me diera más el cuero, volvería a hacer exactamente lo que hice. Suena soberbio, ya sé, pero vos me conocés bien. A veces, no tengo vuelta atrás. La mayoría de las veces. Y quién te dice, este no tener vuelta atrás,a lo mejor, también ayuda a alguien.
Entonces, esto. Él le dice: aprenderé a nadar. Te lo prometo. Aprenderé a nadar.
Es una buena promesa.



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