miércoles 3 de febrero de 2010
Paciencia modo off
domingo 31 de enero de 2010
Dejarme en paz
domingo 24 de enero de 2010
Voluntad
martes 29 de diciembre de 2009
Yo
Ya toque en el piano para Elisa,
Ya aprendí a falsear mi sonrisa,
Ya camine por la cornisa,
Ya cambie de lugar mi cama,
Ya hice comedia,
Ya hice drama,
Fui concreto,
Y me fui por las ramas,
Ya me hice el bueno,
Y tuve mala fama...
Ya fue ético,
Y fui errático,
Ya fui escéptico,
Y fui fanático,
Ya fui abúlico,
Y fui metódico,
Ya fui púdico,
Fui caótico,
Ya leí Arthur Conan Doyle,
Ya me pase de nafta a gas oil,
Ya leí a Breton y a Molière,
Ya dormí en colchón y en sommier,
Ya me cambie el pelo de color,
Ya estuve en contra y estuve a favor,
Lo que me daba placer ahora me da dolor,
Ya estuve al otro lado del mostrador...
Y oigo una voz
Que dice sin razón
Vos siempre cambiando
Ya no cambias más
Y yo estoy cada vez más igual
Ya no sé que hacer conmigo
Ya me ahogue en un vaso de agua,
Ya plante café en Nicaragua,
Ya me fui a probar suerte a USA,
Ya jugué a la ruleta rusa,
Ya creí en los marcianos,
Ya fui ovolacto vegetariano, ¡Sano!
Fui quieto y fui gitano,
Ya estuve tranqui,
Y estuve hasta las manos,
Hice el curso de mitología,
Pero de mi los dioses se reían,
Orfebrería la salve raspando,
Y ritmología aquí las estoy aplicando,
Ya probé, ya fumé, ya tomé, ya dejé,
ya firmé, ya viaje, ya pegué, ya sufrí, ya eludí,
Ya huí, ya subí, ya me fui, ya volví, ya fingí, ya mentí,
Y entre tantas falsedades,
Muchas de mis mentiras ya son verdades,
Hice fácil adversidades,
Y me complique en las nimiedades...
Y oigo una voz
Que dice con razón
Vos siempre cambiando
Ya no cambias más
Y yo estoy cada vez más igual
Ya no sé que hacer conmigo
¡Adentro!
Ya me hice un lifting,
Me puse un piercing,
Fui a ver al Dream Team,
Y no hubo feeling,
Me tatué al Che en una nalga,
Arriba de mami para que no se salga,
Ya me reí y me importó un bledo,
De cosas y gente que ahora me dan miedo,
Ayune por causas al pedo,
Ya me empache con pollo de spiedo...
Ya fui al psicólogo,
Fui al teólogo,
Fui al astrólogo,
Fui al enólogo,
Ya fui alcohólico,
Y fui lambeta,
Ya fui anónimo,
Y ya hice dieta,
Ya lancé piedras y escupitajos,
Al lugar donde ahora trabajo,
Y mi legajo cuenta a destajo,
Que me porte bien,
Y que arme relajo...
Y oigo una voz
Que dice sin razón
Vos siempre cambiando
Ya no cambias más
Y yo estoy cada vez más igual
Ya no sé que hacer conmigo...
Y oigo una voz
Que dice con razón
Vos siempre cambiando
Ya no cambias más
Y yo estoy cada vez más igual
Ya no sé que hacer conmigo...
Actualización:
El cuarteto de Nos - Ya no sé qué hacer conmigo
sábado 26 de diciembre de 2009
Llevo tu corazón conmigo
i carry your heart with me (i carry it in
my heart) i am never without it (anywhere
i go you go, my dear; and whatever is done
by only me is your doing, my darling)
i fear
no fate (for you are my fate, my sweet) i want
no world (for beautiful you are my world, my true)
and it's you are whatever a moon has always meant
and whatever a sun will always sing is you
here is the deepest secret nobody knows
(here is the root of the root and the bud of the bud
and the sky of the sky of a tree called life; which grows
higher than the soul can hope or mind can hide)
and this is the wonder that's keeping the stars apart
i carry your heart (i carry it in my heart)
E.E. Cummings
Llevo tu corazón (lo llevo en mi corazón). Siempre.
martes 15 de diciembre de 2009
lunes 7 de diciembre de 2009
Frágil
Ok, digo yo ahora. Todo el tiempo estoy tratando de no entramparme en la autocompasión pero llegué al punto de comprender que sí, que es este momento, que necesito cuidarme, que necesito tener el mismo delicado cuidado que muchas veces tuve con los demás, ahora conmigo. No tengo fuerza para sostener nada. Intento todos los días, con mucho esfuerzo, estar un poco mejor. Intento ser la que era. Todavía no me sale.
Desde la pavada más chiquita.
Necesito un respiro.
Por favor, tengan cuidado.
Estoy pegada con cinta adhesiva.
domingo 6 de diciembre de 2009
Cosas que pasan
Perder un amigo.
Hacer la pregunta que no debe hacerse.
El silencio de la casa.
Una idiotez que lo estropea todo.
El insomnio.
El dolor.
Que te dejen de hablar.
No hacerse entender.
Disimular.
Que te digan "pensá en vos".
Llorar.
Buscar algún consuelo.
No encontrarlo.
Intentar salir.
Encerrarse.
Callarse.
Intentar.
No poder.
No poder más.
Volver a llorar. Por una pavada, por dos, por tres.
Esperar que te hagan el aguante en donde no quieren/pueden hacértelo.
Dejar de ser.
Volverse otra cosa.
Dejarse llevar.
Desaparecer.
Vivir, porque no hay más remedio.
Hay que llorar, sufrir, desangrarse, morirse y, si hay suerte, volver a nacer.
Cuando no te pasa nada, todo el mundo te pregunta qué te pasa.
Cuando te pasa algo, ya ves.
viernes 27 de noviembre de 2009
Desasosiego
Me leo estúpida: sin dormir, sin comer, con esa angustia existencial pavota, de adolescente con resfrío en el alma. Qué gansa. Sufrir es otra cosa.
Sufrir es levantarse sabiendo que nada de lo que uno haga puede cambiar lo que pasa. Vivir con eso. Resignarse. Tener que aceptar que lo que pasa es así. Que no hay nada ni nadie que lo pueda cambiar, ni por mucha voluntad, esfuerzo, conjuros mágicos, oraciones y santitos.
Sufrir es tener que ir cada domingo al cementerio. Llevar flores. Mirar la placa. Reconocer todas las cosas que no van a pasar ni ahora, ni nunca. Extrañar. Extrañar sin tener la posibilidad de tomarse un colectivo, un tren, un avión. Sin que haya teléfono, ni mail, ni carta certificada.
Es llorar a escondidas y para adentro. Sin que nadie vea las lágrimas. Llegar a los lugares como si a uno no le hubiese pasado nada. Irse de los lugares sabiendo que dirán "se la ve bien" o "que mal que está" o "pobre". Irse con todo lo otro y con eso también.
Es dejar de contar cosas. Guardarlas. No confiarse con nadie porque ya no queda qué confiar. Perder la fé y perderse. No poder rezar, ni dormir, ni descansar.
Es llenarse de ruido de la tele, de la calle, del chat para no recordar, una y otra vez, cada una de las 27 semanas de panza, los 163 días de sanatorio, los casi 4 meses que van hasta ahora.
Y no saber qué hacer con casi nada.
Y mientras se sufre, así, de manera animal, instintiva, seguir viviendo.
Tener que comprar Coca porque se terminó. Evitar una discusión boluda, pasar por alto alguna provocación o varias, bañarse, vestirse, salir. Vivir con todo lo chiquito y molesto que trae aparejado.
Repartir la poca alegría que queda. Hacer feliz a alguien, aunque sea un ratito, aunque sea olvidable.
Y no mucho más. Tratar de dormir. Ir al médico. Cuidarse, sin saber muy bien para qué. Estar. Seguir estando.
miércoles 18 de noviembre de 2009
Defecto
Eso genera, como cualquier acción, multiples y variadas reacciones que van desde el "mejor no me enfrento a esta porque es capaz de decir lo que le viene a la boca" a los putísimos tiros por elevación, dichos delante mío (o detrás, y esos son los que más me molestan) con una fingida inocencia.
Hay algo cierto, los tibios no me van. Será que yo no soy tibia. Será que yo siempre tomo partido. Será que nunca me gustó que me dijeran lo que tengo que pensar o decir. Será que fui educada de esta forma -mal o bien- y puede gustar o no, pero, no hay caso, es mi forma.
A qué viene todo esto. No importa a lo que viene. O sí. Viene a que, contrario a lo que se puede pensar por ahí, no soy de las personas que le llenan la cabeza a nadie. Escucho, aconsejo -siempre desde lo que pienso que es para mejor del que me habla-, tomo partido. Y lo digo. Siempre.
No me escudo nunca en una falsa ingenuidad. No me hago la boluda, ni la nena, ni la dama en peligro. Al contrario: me la banco. Y no tengo el switch para cambiar de idea, demasiado sensible.
Tampoco soy boluda. Yo veo. Oigo. Leo. Me doy cuenta. Desgraciadamente, me doy cuenta de todo, casi siempre. Aún a pesar mío.
Y no me hace falta andar recolectando información de distintas fuentes. No me interesa el chusmerío grosso, el de andar diciendo "ah, porque una vez, sabés lo que dijo de vos", no. No meto fichas. A lo mejor, peco de sincera. A lo mejor, digo: "Ojo, che. Cuidado. Cuidate". Me arrepiento un poco de decir esa clase de cosas.
Todas las veces que alguien me ha contado algo, he escuchado con atención. He leído los más variados episodios. Desde llantos y escenas de celos hasta grandes problemas de inseguridad e intolerancia de género (jé, cuándo no.). Y cada vez que me han tenido de oreja, han contado con toda mi atención y sensibilidad (que será jodida, que será demasiado fina, pero que es inmensa).
Por supuesto que me fastidio, soy un ser humano, después de todo y aunque no parezca. Por supuesto que me agarro broncas de días y días que no se me pasan. Por supuesto que hay cosas que me duelen.
Pero a esta altura del partido, después de todo lo que pasó y pasa... ¿tiene alguna importancia?
En realidad, nada importa demasiado.
Como sabemos bien acá: una vez que la idea sobre alguien empieza a correr de boca en boca, es muy díficil hacerla cambiar. No importa lo que hayas hecho o lo que no hayas hecho. La gente es boluda. Eso lo sabemos todos. La gente (vos, vos, yo, vos) se deja llevar por prejuicios. Así funciona el mundo.
Lo único bueno es que es un ciclo y eso reparte parejo para todos lados. Hoy me toca a mí pero mañana, estate seguro/a, te toca a vos.
Hay que hacerse cargo de lo que uno dice, creo. No creo. Estoy segura.
Y hay que actuar en consecuencia con lo que uno anda desparramando por ahí. Habrá más de uno que pueda dar fé de mis decisiones cuando se me llenó el saco. No tengo vuelta atrás. Como dije más de una vez en este blog, el "a mí no me hizo nada", no me va, nunca me fue, nunca me va a ir. Yo distingo claramente, por lo menos para mi escala de valores, qué cosas están bien y qué cosas están mal. Qué puedo aceptar dentro de los límites de la tolerancia y qué no.
Pero repito: cada vez que alguien ha venido con una pena, con un problema, he sido transparente al respecto. Y eso que, salvo contadas excepciones entre las que se cuentan sólo gente queridísima por mí, no soy de las que hacen interrogatorios. No soy comedida, ni indiscreta.
Hay que evitar andar desparramando boludeces sobre la gente. Hay que tener mucho cuidado. Hay que hablar sabiendo y si no sabés, no andar hurgando para enterarte. Porque todo se sabe. Es así. Hasta el que no quiere, se entera de todo lo que se dice sobre él. Más tarde o más temprano, todo se sabe. Y llorar, después, no sirve para nada. Pedir disculpas, tampoco.
En este momento, estoy haciendo grandes esfuerzos por dominar este defecto tan choto que tengo. Y sin embargo... sin embargo, siempre hay alguien dándose el lujo de ponerse en paladín de la moral y las buenas costumbres, acusando con el dedo. Haciéndose cruces por lo que digo, opino y comento, CUANDO ME PREGUNTAN, porque tengo el descaro de hacerlo en público, en lugar de hacerlo escondiéndome detrás de una ventana de mensajero o por mail o hablando por teléfono.
Y entonces, lo de siempre. A mí se me llena la cabeza de preguntas: quién sos, a quién le ganaste, cuándo te las aprendiste todas, sos capaz de ponerte en el lugar de otro, te das cuenta de que lo mismo que enjuiciás en los demás es lo que llevás a cabo. Todas preguntas. Preguntas que, en primera instancia, me hago a mí. Y después, oh, maravilla maravillosa, a los demás. Preguntas sin respuestas. Porque esas cosas no se dicen. No está bien visto.
A mí, casi nada de lo humano me es ajeno. Como dice un amigo mío soy negra, puta, lesbiana, judía, coreana, china, indocumentada, loca, histérica, mal hablada, mal llevada, jodida. Me caben todas las peores generales de la ley.
Lo único que no soy es falsa. No soy forra. No disimulo.
Es un defecto.
Qué se le va a hacer.
Es lo que hay.
miércoles 11 de noviembre de 2009
Preguntas
Empezamos tianatación con la preciosura.
Cuando terminó la hora de patadas y zambullidas, fuimos al vestuario a cambiarnos.
La preciosura habla todo el tiempo, no para de hablar.
Después de vestirla, me tocó el turno a mí de sacarme la malla mojada.
Ella se quedó parada, esperando que yo me vistiera.
En un momento, me espió por la cortina del cubículo que funciona como ducha y vestidor.
-¿Puli no está más en tu panza?
-No-, le respondo.-Puli no está más en la panza. Vos sabés dónde está.
-Sí. En el sanatorio.
-No. No está en el sanatorio. Vos sabés dónde está.
-¿Dónde está?
-En el cielo.
-¿Por qué?
-Porque está con Dios.
-¿Por qué está con Dios?
-Por favor, Sofi, ¿me sostenés las ojotas?
No tengo respuesta para esa pregunta.
Ella dejó de preguntar.
domingo 8 de noviembre de 2009
Neurosis de destino
Mis esfuerzos, mis pilas nunca sirvieron para más que para darme grandes desilusiones.
Aunque ponga lo mejor de mí, las cosas nunca son como yo necesito que sean.
Y me siento encerrada.
Y triste.
Hago lo mejor que puedo hacer, aún en esta circunstancia horrible. Sin embargo, las cosas siguen doliéndome.
Y pensar que desde que tengo uso de razón, lo único que estuve buscando es ser tremendamente feliz.
¿Qué tendré, doctora, qué tendré que sólo consigo unos ratos muy fugaces de felicidad?
¿Qué es lo que tengo que hacer?
¿Aceptar? Lo estoy aceptando casi todo. Hasta lo que creí que nunca aceptaría, lo acepto casi docilmente.
¿Resignarme? ¿Se puede vivir así? ¿Puede uno resignarse a todo? ¿Es posible que alguien sobreviva con resignación?
Hago lo que puedo. A veces, un poco más. Trato de ser optimista, de estar lo mejor posible. De dar alegría a los demás, aún cuando estoy mirando con cariño la ventana.
Y sin embargo, no sirve.
Y hay días como hoy, en donde me siento para la mierda, en donde creo que hay que entregarse al destino. Aunque me digan que las cosas se pueden cambiar, no es cierto. Nada cambia. Nadie cambia, nunca.
Y uno se tiene que quedar con las cosas como son.
Aunque esas cosas le hagan un agujero en el cuerpo.
Las personas como yo, tan arremetedoras, tan peleadoras, tan cocoritas, deberíamos venir con un cartel que dijera: Favor de tener cuidado.
Eso. Es un mal domingo. Fue una mala semana. Lo disimulé mucho. Lo disimulé hasta hoy. Hoy no lo puedo disimular.
Estoy desesperadamente triste.
Y no puedo hacer nada al respecto. No sé qué hacer al respecto.
Me desespero.
Qué cagada.



