miércoles, 1 de julio de 2009

Caro Michele/40

A mí me gustaría, a veces, venir acá a contarte que la vida es un cago de risa. De verdad. De corazón. A mí me gustaría venir a decirte que todo brilla y que estoy rodeada de globos con forma de corazón inflados con helio y que canto y me río, día y noche.
A mí me gustaría decirte, por ejemplo, que hace frío pero no importa porque hay sol, que tengo mucha paciencia, que me olvidé de la angustia, que duermo como un angelito todas las noches.
También me gustaría que supieras que nunca siento un cimbronazo en el estómago, que me duele la cara de tener los músculos tan relajados.
Me gustaría contarte otras cosas, cosas que no son las de siempre. Me gustaría decirte que te voy a dejar de escribir, que voy a dejar todo, que voy a desaparecer de todos lados, porque soy tan tan feliz que no tengo tiempo para dedicarle a esto, Miguel. Así como suena de egoísta. Supongo que creo que la felicidad es difícil de compartir. Supongo que pienso que en lo único en lo que todos nos parecemos, ahí donde nos podemos hacer compañía, es en el dolor. Supongo que el sufrimiento se entiende mucho mejor. Te diste cuenta que un chiste, por ejemplo, no le causa gracia a todo el mundo?
No te puedo contar cosas distintas de las que te cuento siempre y, por eso, esta vez, sólo por esta vez, no te voy a contar nada.
Te voy a contar que Paulina tiene una sonrisa preciosa y unos ojos que no te cuento. Y que tiene mucha fuerza. Que le gustan los besos en la frente, en la cabeza y en el cuello. Que cuando la tengo a upa parece que me hablara con los ojos y me contara todo lo que le pasó mientras no estuve.
Que, a veces, yo le hago un "ah!" de sorpresa, levantando las cejas y ella, quién sabe, pareciera que lo copia.
Que se queda dormida cuando le canto y que no le cuesta mucho tranquilizarse cuando está a upa.
Te cuento que hay días mejores y peores. Hay mediodías más hermosos o menos. Que los días pasan muy lentos y muy rápidos y que nada es como era antes, con todo lo que eso puede implicar. Rezamos mucho. Casi tanto como podemos rezar. Y ponemos buena cara delante de la incubadora porque lo nuestro no es nada, en comparación con lo que pasa Paulina, día a día.
Que todos los días aprendo a esperar. En este momento, estoy haciendo un master en esperas. Y que desespero más a menudo que antes, pero en silencio. Nadie se entera. No dejo que nadie vea mi desesperación, hasta ahora, que vengo acá y te traigo todo, porque ya no sé dónde ponerlo y me dan ganas de gritar, de llorar a los gritos, de salir corriendo, de despertarme, de esconderme. De esconderme tan bien, como esa vez que me escondí abajo de la campera de mi papá y me quedé dormida y sólo me encontraron cuando mi papá se fue a poner la campera para irse a trabajar.
Pero no me escondo. Nunca me escondo. Salgo, camino, hablo, miro, lloro a escondidas o para adentro, intento hacerme la graciosa, paso por alto cosas, no discuto, no peleo, no pongo en evidencia a quien me quiere tomar el pelo, no desconfío.
Vivo, sobrevivo. Supervivo. Porque vivir también es todo esto. Y porque me queda la esperanza de que todo va a pasar. Todo va a ser mejor. Todo se va a arreglar. Todo va a salir bien.
Y cuando todo eso pase, voy a venir acá y te voy a contar que la vida es muy luminosa y que estoy rodeada por globos en forma de corazón inflados con helio, mientras canto canciones felices y bailo.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Lo que se dice

cuando uno está todo el día en el servicio de Neonatología

  • "Puta, llego tarde."
  • "Que esté todo bien, que esté todo bien, que esté todo bien. Dios mío, que esté todo bien."
  • "Hola, mi amor. Hola, hermosa. Hola, hija"
  • "¿Hizo caca? ¿Cuánto pesa? ¿Por qué tiene esa vía? ¿Está todo bien? ¿La puedo tener a upa?
  • "Estaba la reina batata, sentada en su plato de plata.", etc.
  • "No, no. No te arranques el respirador."
  • "Linda, te quiero mucho." "Mirenme, soy feliz entre las hojas que cantan", etc.
  • Monólogo interior: "Setenta y seis días. Setenta y seis noches. Estoy cansada" Voz alta: "Qué linda que sos. Te quiero, Paulina."
  • "Me estás mirando! Y te reís!"
  • "En un ratito, llega papá. Viene papá, viva!"
  • "Llegó Papá! Bieeeeeeeeen!"
  • "Querés tenerla un ratito?"
  • Monólogo interior: "tengo hambre." Voz alta: "de qué te reís, preciosura?"
  • "Te acompaño hasta el trabajo"
  • Monólogo interior: "Camino por Corrientes, miro lo que hay en Once. Doblo por Larrea hasta Córdoba; camino una cuadra por Córdoba y me vuelvo al sanatorio"
  • Monólogo interior: "Estoy cansada. No me tendría que haber ido. Me tengo que sacar leche. Que esté todo bien, que esté todo bien, que esté todo bien. Dios mío, que esté todo bien"
  • "Y tu bebé, cómo está?" "Me alegro" "A qué hora nos dejan pasar?"
  • "El sacaleche me tiene podrida. ¿Cuándo se va a terminar esto?"
  • "Hola, Pauli, cómo te portaste?"
  • "¿Hizo caca? ¿Está todo bien? ¿La puedo tener a upa?
  • Popurrí de canciones.
  • Monólogo interior: "tengo sueño, tengo sueño. Mucho sueño. Me tiraría al piso a dormir. Tengo mucho sueño. No me puedo dormir. Y si se me cae la nena? Concha de la puta lora."
  • "Me voy a tomar un café y vuelvo."
  • "Un café en jarrito, sin cortar"
  • "Volví. ¿La sacamos?"
  • "Te duele la panza? No llores, Paulina. ¿Estás incómoda? Cuando estemos en casa vamos a (lista desplegable de probables actividades); no llores. Ya está, mi amor. Ya pasó.
  • Monólogo interior: "Se acabó el rollo de cocina, el papel higienico, la coca, el detergente. Hay que ir al supermercado. O pasar por el chino. ¿Qué vamos a comer, hoy?"
  • Tarareo en m de The Scientist.
  • "Había una vez un bru, un brujito que en Gulubú", etc.
  • "Había una vez una vaca, en la Quebrada de Humahuaca", etc.
  • "Te hiciste caca?"
  • Monólogo interior: "Casi un día menos. Casi otro día vencido. Fuerza, hijita. Vamos que falta menos."
  • "En un ratito viene papá. Sí, en un ratito, viene papá de trabajar"
  • "Te dormiste".
  • Silencio. Monologo interior: "Quiero dormir un año completo. No sé cómo voy a hacer mañana para hacer esto otra vez. Tengo que llamar a mis amigas. Tengo que llamar a mi mamá. Tengo que llamar al trabajo. Tengo que presentar la carta pidiendo la licencia. Tengo que, tengo que, tengo que."
  • "Qué te pasa? Te duele la panza? Tenés frío? Tenés calor? Tenés sueño? Por qué llorás? Cuándo vas a llorar a los gritos, así puedo saber qué te pasa? Por qué los bebés no nacen sabiendo hablar?
  • "El ciempiés es un bicho muy raro", etc.
  • "Ya viene Papá. Dale, Pauli. Ya viene."
  • "Llegó Papá! Bieeeeeeeeeen! Viva!"
  • "Marina, le pasamos la nena al papá?"
  • Monólogo interior: "Cuándo vamos a estar en casa? Cuánto más falta? Cuántos días, cuántas noches, cuántas horas? Por qué siempre hay que esperar tanto para todo? Por qué tuvimos que pasar por esto? Por qué tenemos que pasar por esto? Por qué siempre todo cuesta tanto sacrificio? Cuándo empieza la vida real? Cuándo me voy a olvidar del sanatorio? Cuando me voy a dejar de sentir asustada, llorosa, cansada, triste, preocupada? Cuándo?"
  • Monólogo interior escondido detrás de una sonrisa: "Estoy muy cansada pero no me puedo quejar. Si yo estoy cansada, Paulina está más cansada que yo. Buena cara. No llorar. No llorar nunca delante de la incubadora, ni de la nena. Tengo que lavar la ropa. Hay jabón? Hay que planchar la ropa. Tengo que sacarme leche. La concha del sacaleche."
  • "Todo bien, vos?"
  • "Sí, se portó re bien, hoy." Monólogo interior: "No tengo fuerza ni para hablar."
  • "Sí, vamos." Monólogo interior: Pasará bien la noche? Me extrañará? Le harán upa, si llora? Tendrá miedo cuando se queda sola? Se olvidará para siempre de esto? Y si nos quedamos a dormir acá, en un rincón? No me quiero ir pero no me puedo quedar. Siempre lo mismo: Querer vs. poder. Qué mierda."
  • "Hasta mañana, mi amor. Te quiero mucho." Monólogo interior: "Te extraño mucho. Portate bien. No llores. Mamá te adora más que a su vida. No deja nunca de pensar en vos. Se va pero siempre está con vos. No te sientas sola. Te quiero, hija. Te quiero mucho, mucho, mucho."
  • Monólogo interior: "A seguir la vida en casa. Hoy tampoco voy a poder dormir."



Setenta y seis días. Setenta y seis noches. Todavía falta un poco más.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Postal urbana

Un edificio encajonado frente a una ventana o al revés: una ventana frente a un edificio gris, encajonado y lleno de ventanas que, como ojos, me miran.
Son ventanas viejas, sucias, rotas. Son ojos cansados.
Desde el óxido, esperan una respuesta, una reflexión, una decisión. Esperan algo.
Cortinas de enrollar torcidas; palomas anidando en los huecos en donde supieron estar los equipos de aire acondicionado; cables que cruzan la pared manchada de mugre de ciudad, en líneas raras, como si fueran venas, como si a todos esos ojos, alguna vez, se les hubiese dado por llorar.
El cielo está gris. Se prepara desde hace rato para una tormenta que no llega.
Y las ventanas mirándome, todas ellas, preguntándome una y otra vez:
¿Qué vas a hacer cuando llegue la tormenta?
¿Qué vas a hacer?
Y yo no sé qué responder.

jueves, 7 de mayo de 2009

Caro Michele/39

La vida interrumpida, Miguel querido. La vida en pausa. A veces, me parece que estoy soñando y que me voy a despertar y que todo va a estar como antes. Y aunque, sería muy tranquilizador estar soñando, extrañaría mucho a Paulina.
La vida es Paulina. La vida interrumpida es Paulina en el sanatorio. Es incomprensible. Es como alguien tuyo que no es tuyo. Alguien por quién tenés que pedir permiso para tocar, para cambiarle los pañales, para hacerle upa. Es tan difícil que a veces creo que no me da el cuero. Pero saco fuerzas, no sé de donde, y el cuero me da, un día más, porque esto es día a día.
De las 24 horas, 19 son Paulina. Cuando la veo y cuando no la veo. Cuando la extraño. Cuando la extraño mucho. Cuando pienso en si dormirá o estará despierta. Si le pondrán el chupete cuando llora. Si me extrañará tanto como la extraño yo a ella. Cuando pienso en hasta cuando vamos a vivir así.
Pero no desespero. Espero y espero. En esta vida, siempre me toca esperar.
Cuando la vida no es Paulina, es silencio. Y es cierto que, durante mucho tiempo, yo fui de esas que pensaban que cuando no hay nada que decir, lo mejor es decir nada. Pero en estos meses no me estoy llevando bien con el silencio. Necesito palabras. De aliento, de consuelo, de cariño, que den fuerza, que den ganas, que me ayuden.
Y si bien están todos los de siempre haciendo el aguante, no alcanza. Y no alcanza rezar. Y no alcanza nada. No me llevo bien con la insatisfacción. No me llevo bien con esta dependencia al ruido, a las palabras.
Pero necesito ver vida. En todas partes. Mucha vida para que me ayude a esperar a mi hijita que la pelea todos los días, mucho más y mejor que yo. Qué orgullosa estoy de mi niña, Miguel, no te das una idea.
Y sí, a veces, todo me parece un sueño. Y todo el tiempo, me parece que esta no es la vida real. Que yo no soy la yo de siempre. Y también necesito recuperar eso que era. Lo que era yo, antes de esto. Antes de que Paulina naciera. Recuperarme para ella. Para que cuando ella esté conmigo sepa que no soy esa persona asustada por todo, todo el tiempo.
Que sepa que soy también, esa persona que se repone rápidamente de las cosas, menos cuando no la quieren. Que resiste los embates, menos cuando nota que a nadie le importa su esfuerzo. Que la rema con ganas, sólo cuando alrededor también hay ganas.
Necesito que sepa, que además de ser su mamá, estoy yo. Y que todo eso junto, está para que ella sea muy feliz.
Porque de lo único que puedo darme cuenta, Miguel, es que no hay otra preocupación mas que conseguir la felicidad. Que no importa lo que haya que hacer. Hay que buscar ser feliz como se pueda. Por un rato, por todo un día, por un mes, un año, por toda la vida, si es que el concepto "toda la vida" existe.
Hay que ser feliz como se pueda, pero hay que ser feliz. Más que cualquier otra cosa en el mundo.
Lo único que me voy a llevar de acá, cuando me vaya a verte, es la felicidad.
Y la felicidad no es silenciosa, viste.
Estoy harta del silencio.
Harta de verdad.
Muchos días me siento sola.
Hoy me siento así.
Ya se me va a pasar.
No sabés cómo te extraño. No te das una idea.
No sabés cómo te necesito.
De entre toda mi gente perdida, sos el que más necesito, Miguel.
Quedate cerca.
No puedo con todo sola.
Necesito que me hagas el aguante, esta vez, otra vez.
Seguí cuidando a Paulina cuando no la veo. Abrazala. Y hacele saber cuánto la quiero.
Nos vemos.
En un tiempo.

miércoles, 29 de abril de 2009

Estado del tiempo


Querido diario:

Hoy no sé donde ponerme.

martes, 28 de abril de 2009

Postal after office

El hombre está sentado frente a mí. Yo lo miro a la distancia, no tengo mucho que hacer. Espero un café con leche. Espero que pase la hora. Espero.
Con el hombre, está sentada una mujer. Tiene el pelo lacio, cortado en capas. Es menuda y tiene el torso volcado hacia adelante, como si quisiera traspasar la mesa con su cuerpo.
El la mira embobado. Desde donde estoy, le puedo ver los ojos. La come con los ojos pero le presta atención. Escucha atentamente todo lo que, supongo, ella dice.
De repente, ella le pasa la mano por la cara. El se deja acariciar. Ella le toca la cara, el pelo, las orejas. A una mesa de distancia, se adivina -o ellos dejan adivinar- que se desean mucho.
Casualmente, acá a la vuelta hay un telo, pienso y me decido a mirar una revista porque me da vergüenza fisgonear esa imagen tan intima de dos que no conozco y no conoceré nunca, pero me llaman la atención.
Son la única pareja del bar. El tiene una camisa celeste impecable. Se lo ve prolijo. No lo veo pero intuyo que tiene el pantalón perfectamente planchado. Ella se puso una remera negra que le marca la cintura. Mueve el pelo, se lo acaricia.
Ahora, él le tiene agarrada la mano. Se la pasa por la boca y el gesto no es obsceno. Es un gesto de amor. Habla con la mano de ella en la boca, acariciándole la palma con los labios.
No es un tipo "lindo", pienso. No es un tipo que una, yo, cualquiera, se daría vuelta a mirar y, sin embargo, ella no le saca la vista de encima. No mira los autos, no mira la gente que camina por la vereda, no se asusta con el colectivo que dobla. Sólo lo ve a él y él la ve a ella. Ninguno de los dos me ve a mí, viéndolos.
Y ni por un momento se me ocurre pensar que están casados. Hay algo que denuncia. Hay algo que hace sospechar.
Quizás sea la hora.
Quizás sea el lugar.
Quizás sea que hablan mucho y se prestan atención.
Quizás sea que no están aburridos de verse y que aún no se dijeron todo lo que se tenían que decir.
Quizás sea que se tienen muchas ganas. De lo que sea. Ganas que se notan.
Pago. Tengo que irme. Me espera el sanatorio y la nena y las enfermeras.
Pago y empiezo a pensar en volver a mi destino de los últimos días.
Y entonces, un detalle. Me doy cuenta que los anillos que veo en sus manos no son iguales.

Y me da un poco de pena.

domingo, 19 de abril de 2009

Caro Michele/38

Hay cosas que van más allá de ser "la mamá de Paulina". Sigo siendo yo para muchas cosas, lamentablemente. Más allá de las complicaciones de este momento, en donde una vez más, la tengo que remar como una hija de puta -porque para que va a ser fácil, si yo me la banco y le puedo poner el cuerpo, no?-, siguen habiendo cosas, de esas boludeces de las que cada uno ve en otros y le molestan muchísimo, que me sacan de quicio.
Como siempre, me saca de quicio que me quieran hacer pasar por pelotuda. Porque no lo soy, desgraciadamente. Cuánto más fácil hubiese sido mi vida, si de verdad verdadera, hubiese podido ir por el mundo haciéndome la idiota. Cuánto más fácil me hubiese sido todo, si hubiese inventado y llevado a la realidad, una inocente y cándida mujercita que esconde a una de esas competidoras por todo, insegura de su propia personalidad y eficaces contra otra como la gota que roe la tierra. Debe ser algo karmático: cada dos por tres, alguna de estas se me aparece e intenta hacerse la irónica conmigo. Y yo, ya sabés, no tengo muchos grises. A mí la ironía me la chupa. Yo digo lo que tengo que decir y hago lo que tengo que hacer, sin disfrazarme de nada. A ver cuántos tienen ese valor . Y aunque aprendí a defenderme, no deja de molestarme que me vengan a hablar con el vestidito irónico, los que se pasan de listos y los cagones. Creo que nunca van a dejar de molestarme las malas imitaciones, hay tanta gente boluda en el mundo, que si los boludos volaran no veríamos el sol, Miguel. No te rías.
En estos días de mucho movimiento emocional, siempre viene el mal recuerdo. Las cosas que hice mal no dejan de visitarme. Las cosas que debí evitar. Y me da culpa. Una culpa enorme, negra, que me apreta el pecho al punto que me dan ganas de tirarme por la ventana. Todos los arrepentimientos juntos por haber gastado tanta pólvora en chimangos, en gente que ni por putas cumple con sus promesas. Porque viste como es: siempre me doy cuenta de las cosas. Tarde, pero me doy cuenta.
Y tengo esos días en que quiero olvidarme de todo. Empezar un cuaderno nuevo con los pocos que se quedaron cerca cuando las cosas se pusieron feas. Con los pocos que todavía están, ahora, que los días, por el cansancio y la angustia, son siempre nublados.
Pero claro, yo tengo mi solcito creciendo. No me olvido de eso. Es lo único que importa de verdad. Es lo único que le da sentido a todo. Aunque el resto de las cosas y las personas insistan en creer que yo me las banco todas: las boludeces, las maldades, los comentarios, las competencias al pedo. Como si yo fuera de madera o si no necesitara un rato de paz, de calma y de compañía sin cuchillo abajo del poncho.
Entonces pienso, y lo pienso mucho tiempo con estos antecedentes, cómo voy a hacer para enseñarle a Paulina que sea feliz. Que sepa defenderse pero sin ir a atacar a nadie, como parece que es la onda. Que esté con la gente que quiera estar sin dejar que la lastimen.
Es un mundo de mierda lleno de gente de mierda. La gente que vale la pena es tan poquita, tan poquita que habría que encerrarse en una cueva, sólo con ellos, para que todo esté bien.
Y la vida tendría que ser otra cosa, Miguel mío. La vida tendría que ser meses y meses de alegría compartida y de tener mucha gente en la que apoyarse. Y no me pongo puritana, digo alegría como uno pueda, sin cagar a otro. Sin cagarlo mal. Sin dejarlo de garpe. Sin sacarle el felpudo porque la cosa se puso fea y entonces, ah... entonces, salir rajando para el otro lado, por las dudas de que haya que pensar y darse cuenta qué es lo importante.
Cuando me agarran estas crisis de misantropía, tengo miedo de hacerle mal a Paulina. Tengo miedo a enseñarle que no tiene que encariñarse con nadie, que no tiene que confiar, que primero hay que defenderse, que piense mal que acertará, en fin... tengo miedo de enseñarle a ser una clase de persona que no soy, pero que muchas veces creo sería más beneficioso ser.
En fin, aquí estoy, con todas mis contradicciones. Esperando que venga el olvido y que pasen los días. Y que rápidamente, la próxima etapa de mi vida sea mucho mejor que las anteriores, porque lo que no te mata, te hace más fuerte, no?
Y a mí, todavía, nadie pudo matarme.
Aunque lo hayan intentado.
Sigo siendo yo.
A pesar de todo.
Lamentablemente.

martes, 14 de abril de 2009

Me revienta

Me rompe soberanamente los ovarios que me copien.
Es más fuerte que yo.

Mucho más fuerte.

Motivos: me llevó muchos años construir la personalidad que tengo.

Sería bueno que cada uno/a se consiguiera una y no que la tomara "prestada" de otro/a.

Eso.
Qué rabia.
La puta madre que los recontra parió.

martes, 7 de abril de 2009

Radiografía

Y dice el Facebook que yo soy esta canción de Radiohead.
Si él lo dice...
Aunque FB no sabía que es una de mis canciones favoritas.
Qué maravisha el Facebook. Qué maravisha. Pick you five fav.


Knives Out



I want you to know
He's not coming back
Look into my eyes
I'm not coming back

So knives out
Catch the mouse
Don't look down
Shove it in your mouth

If you'd been a dog
They would've drowned you at birth

Look into my eyes
It's the only way you'll know I'm telling the truth

So knives out
Cook him up
Squash his head
Put him in the pot

I want you to know
He's not coming back
He's bloated and frozen
Still there's no point in letting it go to waste

So knives out
Catch the mouse
Squash his head
Put him in the pot


viernes, 27 de marzo de 2009

Mantra

(Post Bis)

Vete destino, vete destino,
Con las promesas de este amor,
no quieras encontrarte.
Vete, vete, vete
y olvida el cariño
que ya te olvidó
Mi corazón no quiere más que sea
la chica que junta malezas

Vete destino, vete destino,
Brindo con vino por su amor,
no quieran detenernos.
Vete, vete, vete,
y olvida el cariño que ya te olvidó
Este es mi hombre
y contra el mundo vamos ya

Vete destino,
oh vete conmigo
No dudes de mí,
seamos peregrinos.
Vete destino,
no hables en vano
Que el futuro y el amor
nunca van de la mano.

Vete destino,
oh, vete conmigo
Que cuando entiendas que el amor
también es la locura,
aprenderás que siendo dos
el camino es mas fácil,
se borra la amargura.

Voy por la selva entre los cuerpos,
voy hasta el centro del amor
no quieran detenerme.
Esta vez es toda mía consabida
la suerte que atrapa a mis sueños hoy
No quiero ser señalada como
la chica que nunca te besa

Vete destino, vete destino,
Que si supieras que ante mí debes acobardarte
Dejarías la osadía de acercarte para
proponerme un futuro mejor
Mi corazón es de hoy y sola voy

Vete destino,
oh, vete conmigo
No dudes de mí,
seamos peregrinos
Vete destino,
no hables en vano
Que el futuro y el amor
nunca van de la mano

Vete destino,
oh, vete conmigo
Que cuando entiendas que el amor
también es la locura,
aprenderás que siendo dos
el camino es mas fácil
se borra la amargura
Aprenderás que siendo dos
el camino es mas fácil...ahh...

Vete destino,vete destino,
vete destino, oh vete, vete veete,
vete destino, vete destino,
vete destino oh, vete destino,
vete destino, vete destino,
vete destino
oh, vete vete veete!!!!!!!!!!!!!!





Hay días en los que tengo mucho miedo. Mucho.
Por suerte, están las canciones.
Vete destino.

martes, 24 de marzo de 2009

Caro Michele/37

Y resulta que soy, ahora, la mamá de Paulina pero no dejo de ser yo. Allá en el fondo, lo que queda de la que fui, cada tanto se asoma y me pone un sopapo antologico y me trae de vuelta todas las veces que me equivoqué.
A lo mejor porque estoy cansada, a lo mejor porque tengo miedo, a lo mejor porque la única forma de aprender es así: con un sopapo que te devuelva a la vista todas las veces que metiste la pata, Miguel.
A veces, no estoy muy orgullosa de mí. No por lo de ahora, claro. Por lo de antes. Por todo lo de antes. Porque muchas veces, metí la pata a conciencia y ahora, hay que cargar con eso.
En estos días que son muy cortitos y muy largos a la vez, a veces pienso que estoy cerca del mar y que voy a ir a tirar todo eso al agua, para que se vaya, para que todo eso se hunda. Al rato, cuando dejo de pensar en mares y playas, me doy cuenta de que todo lo que el mar se lleva, siempre lo devuelve a la orilla.
Uno es lo que es. No tiene forma de escaparse de eso.
Es un día triste. Pero no porque haya pasado algo malo. Es un día triste y los días tristes me asustan, porque viste como es: uno se acostumbra fácil a la tristeza. Y yo ya no quiero ser una chica triste.
Pero algo apreta adentro. A la altura del pecho. Apreta fuerte y sí, con permiso del doctor, la gota milagrosa hace que no llore, aunque tenga muchas ganas; ni que me dé un atacazo de pánico o alguna de mis gracias.
Hay tanto por hacer y hay tanto por esperar. Por qué me preocupo por lo que ya está hecho, es la mejor pregunta que me puedo hacer.
Vos sabés que pocas veces me falla la intuición. Es como si me picara la nariz y adivino hasta lo que no quiero adivinar. Y también sabés cómo me gustaría equivocarme cuando no me equivoco.
Y hay tanto para hacer y hay tanto por esperar que hay ratos que me parece que me va a explotar el cuerpo. Por suerte, no explota. Y los días pasan muy rápido pero todavía falta mucho.
Y uno quiere ser feliz pero no sabe por donde va a venir la felicidad porque siempre esta remando para salir a flote y... estoy muy cansada y no hay tiempo para descansar, por ahora. Por Paulina, no es momento. Hay que seguir.
Es un día triste. Ya se va a terminar.
Te extraño. Siempre te extraño.

Don't leave me high, don't leave me dry

miércoles, 11 de marzo de 2009

Caro Michele/36

Y nació, nomás. El miércoles 4, de apuro, con el corazón en la boca y el alma en un puño, viste como somos.
Es hermosa. Es chinchuda. Es larga y flaca como su papá y duerme agarrada y con un pie afuera de su nido, como yo. Es muy chiquita. Tiene mucho para crecer. Todavía está en el sanatorio. Está muy bien, va a estar mucho mejor. No tengo dudas.
Y yo.
Y yo estoy acá, haciendome muchas preguntas: que por qué así, que por qué tanto tiempo antes, que unos días más hubiesen venido bien... en fin... tengo la cabeza llena de preguntas. Me sobra el cuerpo en casa. Tengo los brazos llenos de ganas. La boca llena de besos que todavía no pude darle. Tengo la lengua acalambrada de tanto rezar. Y acá vengo, a escribirte a vos, porque sos el único que me falta. Todos los que estamos acá, estamos empujando. No hay ni uno que no esté poniendo la misma garra que ella. Asi que vengo acá a pedirte a vos que me la envuelvas, que me la abraces, que me la cuides, cuando no la veo, cuando no la puedo tocar, cuando duerme. Y miento. No te pido. Te exijo que me la cuides tanto como la cuidaría yo. Mejor que yo. No me la dejes sola. Contale cosas. Desde ahì, donde vos estas, me gusta creer que todo se puede. Decile que la quiero con todo mi corazon, mi cabeza, mi cuerpo, mi alma. Que nunca quise asi a nadie. Que la espero, que quiero verla correr y gritar y que estoy ansiosa por escuchar su primer berrinche, por ver cómo se prende a la teta. Decile que no me voy a dormir sin acariciar su foto y que cada día, desde el miércoles, soy la mamá más orgullosa del mundo.
Contale que cuando la veo, esos ratitos que no alcanzan para nada, le canto canciones y aunque se me nubla la vista, no me permito llorar porque no quiero que vea una mamá triste. Su mamá es la persona más feliz del mundo, cada minuto que la ve.
Pedile a tus amigos, si te hiciste amigos ahí donde estás, que te ayuden. Que la lleven de la mano hasta que pueda venir a casa. Que no se sienta sola nunca, ni un segundo. Eso te toca, en este momento, hacerlo a vos. Porque si. Porque vos la querrías. Porque vos hubieses llorado de alegría conmigo, cuando nació; cuando respiró sola, cuando movió la mano y se tapó la cara.
Eso, Miguel. Cuidame a Paulina. Cuidamela mucho. Tengo el resto de la vida dedicado a mirarla crecer. Ayudanos. Ayudame. Una vez más.
No nos dejes solos.
Eso: no nos dejes solos ahora.
Me voy a dormir. Mañana temprano, me espera mi hijita.
Te quiero. Te extraño. Tengo mucho miedo pero soy muy feliz.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Caro Michele/35

Empecé este post por lo menos cuatro veces. Hoy es miércoles, son las seis de la mañana y lo empiezo por quinta vez, vamos a ver si hoy sí, hoy que tengo acidez e insomnio, lo termino. Casi no te cuento cosas porque yo sé que vos, desde donde estás, ves todo y sabés todo. Y no te cuento cosas porque casi todo está tomado por Paulina, desde que era una tenue línea en el test de embarazo. Me estoy cambiando de sindicato, sí. Estoy abandonando la adolescencia, por fin.
No te voy a decir que la vida brilla a cada segundo, no. La vida es la vida y tiene un brillo más bien cortito. Viste como es.
Pasa de todo y pasa todo junto. Hay palabras que todavía no se dicen y otras que hubiese sido preferible no decir nunca, reconciliaciones, peleas, nacimientos, distanciamientos, reencuentros, qué sé yo. Es tan corto el tiempo.
Los días pasan muy rápido. Se me hinchan las piernas y las manos. Cada día descubro un dolor nuevo y lo cierto es que nada importa. Nada. Lo único que importa es Paulina y si se mueve, si duerme o si está despierta.
El año pasado, para esta fecha, tampoco dormía, te acordás? Para esta fecha, andaba con el pánico y la falta de hambre y sueño por días y días. Y la tristeza lo ocupaba todo. Absolutamente todo. Un año después, todo se dio vuelta como si existiera alguna ley compensatoria de situaciones en el mundo.
Faltan dos semanas para que cumpla años. Es la primera vez que la llegada de mi cumpleaños no me deprime. Tampoco te voy a decir que salto en una pata, pero la verdad, este año, a lo mejor porque Paulina transformó todo, cumplir años está bien. A lo mejor, porque toda esa tristeza, la que ocupaba todo el año pasado, salió por la ventana y aunque , como digo, la vida es la vida, nada de lo que pasa ahora tiene que ver con lo que haya pasado antes de septiembre del 2008. Ya no hay ganas ni tiempo para sentarme a la mesa con todas mis equivocaciones. Capaz me justifico pero, qué sé yo si no tuve que equivocarme tanto para poder llegar hasta acá.
Vos sabés que yo pensaba que iba a ser tía para el resto de los días. Vos sabés que yo creía que iba a ver como todo el mundo conocido edificaba su vida con bases sólidas, mientras yo seguía escribiendo cuentitos que no llegaban a ninguna parte y vivía para... quién sabe para qué. Para ser tía, a lo mejor. Pero uno nunca sabe. Uno nunca sabe nada de nada. Uno nunca sabe cómo le va a cambiar la vida, de una hora a la otra.
Ahora es todo distinto. La panza crece todos los días. Hay mucho para hacer.
¿Te acordás que yo quería mi happy end? Las pelotas. Es todo comenzar. Cada vez y todas las veces. Comenzar con tristeza o alegría, no importa. Salir adelante. Remarla. Remarla siempre. A veces, con tormenta. A veces, con río revuelto. Empezar. Caminar. Seguir. Los que son como nosotros, aunque no quieran, siempre se levantan. Así somos. Batalladores, dirían. Y salimos, al final. Sacamos la cabeza del agua. Respiramos. No nos quedaba más que mejorar y mejoramos. La puta, si mejoramos. Ante Paulina, no hay nada de lo que ya pasó que tenga importancia. El pasado está ahí para sostener lo que sos y para nada más. Ya no hay motivo para castigarse ni para abrazarse de la tristeza. Ahora, estos días, estos meses, está bien ser un poco feliz. El poco feliz que se pueda, por el rato que se pueda. Pero feliz. Feliz de una buena vez y no por causa de Paulina -otra cosa para enseñarle: que la felicidad y la tristeza SIEMPRE dependen de uno; los demás son sólo instrumentos para conseguir una u otra- sino para ella. Para poder ser la mejor mamá que puedo ser. Se lo merece, ya que hace el favor de venir a este mundo que no tiene tantas cosas buenas para ofrecerle como yo quisiera.
Pero nos va a salir buena, la chiquita. Tiene buena madera y no lo digo por mí, que ya sabés como soy. Te la encargo desde allá arriba para que me la cuides de todo lo que yo no la voy a poder cuidar. Vos sabés, Miguel. Vos sabés.
Y no mucho más. Estoy bien. Cabrona, como siempre. Contestadora y mal llevada. Una porquería, sí. Soy yo, después de todo, por más mamá de Paulina que sea.
El resto del mundo está igual. Pocos pero buenos. Y muchos conocidos. Algunos mejores que otros, como siempre. Algunos queridos, otros no. Algunos muy abandonados y, seguramente, enojadísimos pero bueno, todo al mismo tiempo, no se puede. Ahora, Paulina. Todo lo demás, puede esperar. Los que nos quieran bien, sabrán comprender. Los que no nos quieran, bueno, pueden ir ahuecando y haciendo lugar, que tenemos muchas cosas para hacer: vivir. No sé si les suena.
Y por ahora, nos quedamos acá.
Claro, te quiero, como siempre.
Y sí, te extraño pero ya no tanto como otras veces.
A lo mejor, eso está bien, no?
I am sailing, I am sailing,
Home again cross the sea.
I am sailing, stormy waters,
To be near you, to be free.

Nos vemos. Un día de estos. No sé cuándo.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Para vos

Me pedís que te regale un cuento, pero no me salen los cuentos así. Pienso en que tengo que escribirte algo, y pienso en los cuentos que escribí. Mis mejores cuentos están escritos en pasado pasado, sólo sobre algunas cosas que el tiempo llenó de colores y de impresiones inexactas y alucinaciones. Poco tienen que ver con la realidad.
No me preguntes por qué. Ahora, no puedo escribir en presente. En presente vivo, te veo, te escucho, te hablo.
El mejor cuento que no puedo escribir en presente es multigénero. A veces, es una comedia de enredos; a veces, uno de terror o de mucho miedo; en algunas ocasiones, es un cuento muy triste.
La mayoría del tiempo, es un cuento de la escuela americana, lleno de detalles domésticos y cotidianos, donde parece que no pasa nada pero pasa lo que pasa en la vida: cosas chiquitas que parecen insignificantes para los que no pueden notarlas y en donde, de manera misteriosa, los protagonistas son felices a su manera.
El mejor cuento que te puedo regalar es el que estoy viviendo todos los días con vos. Con todo lo que decimos y con todo lo que no hemos dicho aún. Con todo lo que sabemos y con lo que nos queda por saber. Por ahora, sólo puedo regalarte este cuento, un cuento que no tiene nada de tradicional y que no encaja dentro de ningún papel, ni se puede traducir con palabras.
Tampoco me preguntes por qué pero me gusta que sea así.
Porque es un cuento nuestro. Sólo de nosotros dos y para nosotros dos. Si los demás no lo entienden o no les gusta, no importa. Porque no muchas veces tuve la suerte de tener algo mío. Porque por primera vez, lo estamos construyendo a un ritmo desconocido, pero nuestro.
Entonces, esto. Te regalo un cuento que no voy a escribir. Te regalo el cuento que vivo.
No quiero escribir algo para vos en pasado.
Todavía hay mucho presente para vivir.

Espero que sepas comprender.


martes, 2 de diciembre de 2008

Grillos

Supongamos que estás cansado, agotado, harto. Supongamos que te sentís invisible y que nadie se da cuenta -porque no presta atención, no quiere, no puede y/o no le importa- que justo ese día, esa noche, necesitás porque sí, porque alguna vez te toca, una dosis extra de atención.
Supongamos también que sos alguien que cuando ve que alguno en su alrededor está triste o molesto o necesita una dosis extra de atención, la das, sin ponerte denso. Supongamos, nada más. Son todas suposiciones.
Supongamos que justo una noche en particular, por el motivo que sea, necesitás que alguien te defienda, que te haga de escudo, sobre todo para que los demás no te pasen por encima.
Supongamos que estás harto de ver como cualquier hijo de vecino, dice lo que se le viene a la boca porque sí y cómo cuando lo hacés vos, es un escándalo.
Sigamos suponiendo: supongamos que en un esfuerzo descomunal pedís algo: que te llamen, que te tengan en cuenta, que te demuestren un poco lo que sienten por vos.
Supongamos que ya lo pediste bien, mal, torcido, derecho, a los gritos.
Supongamos que esperaste para ver resultados. Supongamos que algunas veces necesitás que te palmeen el lomo, que alguien esquive las balas por vos, que te tengan la misma paciencia que procurás tenerle a los demás.
Supongamos que ya ni te enojás con los olvidos. Supongamos que ni siquiera sacás para afuera la tristeza. Supongamos que todo te pasa junto, porque las cosas no pasan de a una.
Supongamos que una noche como hoy, después de pedir, de gritar, de hacer mil doscientos esfuerzos porque alguien piense medio segundo en vos, escuchaste grillos. Sólo grillos.
Grillos. Y si ese no es el sonido de la peor soledad, entonces, no sabés cuál es.
Decidis que lo mejor es encerrarse en una cueva que esté lo suficientemente lejos y lo suficientemente cerrada como para que nadie te vea.
Total, sos invisible. El mundo va a seguir igual.


jueves, 27 de noviembre de 2008

Caro Michele/34

Están dando 'El gran dictador' en Canal 7. Son un poco más de las cuatro de la mañana, Miguel y me acuerdo de los años que pasé estudiando cine. En los días en que iba a cursar, sabiendo que nunca dirigiría una película, pero también sabiendo que necesitaba saber cómo era ese oficio, aunque sea para descartarlo. Tenía la eternidad para todo, en ese momento. Hay una especie de sensación de eternidad a los veinte años. Pensás que todo te va a durar para siempre: las ganas de estudiar, la soledad, el amor. And you cried and you cried and you cried and you cried.
Sos incapaz de darte cuenta de que todo esto no es más que una sucesión de ratos más o menos afortunados, según puedas ver.
De aquellos amigos no quedó ninguno. Mis amigos son los de siempre. El mismo puñado rejuntado a través de los años, a los que, ahora, veo un poco menos y, a veces, extraño un poco más.
Estuve pensando en las compañías circunstanciales, esta noche. Esa gente que conocés sólo por un período corto de tiempo. Nunca te crees que te vas a quedar con alguno de esos por mucho tiempo. Una amistad no nace espontáneamente. Tienen que pasar cosas, lamentablemente malas, para que sepas que ese conocido circunstancial se convirtió en un amigo. Para saber que podés confiar en alguien, efectivamente, tiene que pasar algo malo. Confiar, si lo buscas en el diccionario, significa: 'depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la hacienda, el secreto o cualquier otra cosa.' You have placed your trust in me.
No es fácil confiar. Para mí, no es fácil. Unas cuantas veces, cuando confié en alguien, me equivoqué. Supongo que a todos les habrá pasado. Confiar es darle un poco de poder a alguien y hay que ser muy bueno o muy estúpido para entregar poder a alguien más. No se puede confiar en cualquiera. Ya se sabe que el poder sobre la vida de los demás, volvió loco a más de uno.
A veces, no hace falta siquiera que sea uno el que confía. Confía otro en una tercera persona y como digo siempre, le cuentan algo que tiene que ver con vos. Ese otro tiene un poco de poder sobre vos, aunque no quieras. Está en posición de amenazarte, de golpearte, de extorsionarte y todo por una confianza en tercer grado, de la que vos no tenés idea y de la que, de haberla tenido, te hubieses negado, sin dar mayores explicaciones.
Es muy dificil relacionarse con los demás. Es muy dificil conseguir gente en la que confiar, sobre todo porque todos tuvimos malas experiencias. Pero llega un día en que tenés al lado, en frente, alguien en quién sí podés confiar tranquilamente pero no te sale. No te sale porque uno se acostumbra a lo malo. Se acostumbra más fácil a lo malo que a lo bueno. Y crea defensas y barreras y pone obstáculos y se juega en contra. Hace todo lo posible porque justo ese al que vale la pena confiarle las cosas, darle ese poco de poder, se vaya y no vuelva. Hay situaciones en las que lo único que se puede hacer es cerrar los ojos y confiar. Hay situaciones en que confiar vuelve todo peligroso y da mucho miedo. La mayoría de las veces, confiar da mucho miedo. Y es mucho peor si confias en el que no es el indicado. Pero no hay que perder la fe. Por cada cagada que te hayas mandado, seguro tenés una mano que te acaricia el lomo, si sos alguien decente. Por cada cosa buena que hayas hecho, por mínima que sea, te vuelve convertida en alguna cosa que no esperás: el latido del corazón de tu hijo, la sonrisa de tu sobrina, la alegría de tu madre cuando te toca la panza, el cariño de tus amigos que te dicen que están ahí para lo que necesites. No te podés quejar. Y aunque no entiendas por qué algunas veces confiaste en las personas equivocadas, vas a volver a confiar, esperando no equivocarte. Vos sabés como son las cosas, Miguel. Vos sentiste cómo es que te quieran bien, mal, más o menos, mucho, poquito, nada. Vos sabés que no todo el mundo tiene la suerte de saberse querido, de sentirse querido. Y que eso, a veces, hay a quiénes los hace rabiar. Sabés que hay quien quiere sólo aquello que nunca va a poder tener y pretende arrancarselo a otro, como si por arrancarlo, pudiera apropiarselo. You're only as big as your battles.
Hace muchos años que aprendí que hay cosas que se ganan sólo por ser como uno es. El amor, la gratitud, por ejemplo. Y no hay forma, por más que se intente copiar, robar, arrancar, de que le suceda a otro. Si es que la envidia existe -y a esta altura, seguro existe- ¿qué otra cosa sería más envidiable que un grupo de buenas personas en las que confiar?
Nah, no estoy hecha una santa. La mayoría del tiempo ando desorientada, más mirando que haciendo, pero cuando miro, no me equivoco. Veo bien. Veo con claridad y pienso de igual manera. I told you I wanted to be wrong.
Aunque todavía no pueda llevar lo que pienso a la acción. No tengo miedo. No le tengo miedo a nadie. Soy mucho más fuerte de lo que pensé. Soy capaz de defender lo que quiero con mucha más fuerza de lo que creí.
Dream, dream away
Magic in the air, was magic in the air?
I believe, yes I believe
More I cannot say, what more can I say?

Y tengo claro que no me compadezco ni de la pelotudez, ni de la puta mierda de los hijos de puta que pretenden amargarte la vida. Soy mucho mejor que eso como para temer. Yo estoy viviendo mi vida, con sus aciertos y sus errores, pero mía. Y no me meto en la de nadie, siempre y cuando no se metan con la mía. En eso, no hay concesiones. Soy egoísta, sí. Lo mío es todo mío. Y no lo comparto con quién no quiero. Y no le permito a nadie que se meta donde no lo llaman, aun cuando sea yo la que tenga que abandonar algunos lugares.
Soy incondicional a un puñado de otros, que como yo, están haciendo lo que pueden con lo que tienen para conseguir lo que quieren.
El resto no me importa nada.
Absolutamente nada, ni lo que digan, ni lo que hagan.
No me preguntes por qué pero hoy siento que toda esa mierda no me puede tocar.
Me gustaría saber cuántos tienen la misma suerte. Nobody cares, no one remembers and nobody cares.
Bah, no. No me gustaría saber.
I'm not that easy, i'm not your horse to water. I hold my head, i come around, round, round.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Una verdad más y van...

Lo saqué de acá

Todos sabemos lo frágiles que son las burbujas de jabón.
Todos hemos visto cómo se deshacen cuando intentamos apoderarnos de ellas.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Mal de muchos

Es la canción más triste que conozco. Es la que más me gusta y la que algunos días me consuela.
Mal de muchos, consuelo de tontos.





When the day is long and the night, the night is yours alone,
When you're sure you've had enough of this life, well hang on
Don't let yourself go, 'cause everybody cries and everybody hurts sometimes

Sometimes everything is wrong. Now it's time to sing along
When your day is night alone, (hold on, hold on)
If you feel like letting go, (hold on)
When you think you've had too much of this life, well hang on

'Cause everybody hurts. Take comfort in your friends
Everybody hurts. Don't throw your hand. Oh, no. Don't throw your hand
If you feel like you're alone, no, no, no, you are not alone

If you're on your own in this life, the days and nights are long,
When you think you've had too much of this life to hang on

Well, everybody hurts sometimes,
Everybody cries. And everybody hurts sometimes
And everybody hurts sometimes. So, hold on, hold on
Hold on, hold on, hold on, hold on, hold on, hold on
Everybody hurts.
You are not alone.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Caro Michele/33

Te dije que un día de estos te iba a dejar de escribir pero me parece que no va a poder ser. Tenés que saberlo: voy a tener un bebé y no hubo -y creo que no habrá- hasta ahora, alegría más grande. Te dije que un día de estos te iba a dejar de escribir porque pensé que uno tenía que ir dejando cosas atrás: amigos que ya no están, personas que ya no quiere, cosas que ya no sirven. Con los días, con estos días, cuando te extraño así como te extraño siempre, cuando no te tengo a tiro para contarte lo que siento, cómo me siento, que me pasa por adentro y por afuera, me dí cuenta que no sé si alguna vez te voy a dejar de escribir. Porque uno es todo eso que yo pretendía dejar. Y es su miedo y su amor más grande; su peor tristeza y su mayor alegría; su música triste y sus discos vergonzosos; es toda la gente que lo quiere y la sensación casi permanente de estar siempre, irremediablemente, solo.
Voy a tener un bebé. El primero todo mío y de su papá. Y quiero enseñarle a ser feliz y a ser valiente y a ser bueno y a defenderse y a no golpear sin razón. Y quiero que crezca sano y fuerte y que mejore un poco el mundo, el poco que pueda. Y que no se olvide que también es la mezcla de muchos acontecimientos y de muchas personas. Que reciba todo el amor del mundo y todo el amor del que soy capaz. Que siempre sepa que es un hijo querido y esperado. Que a pesar de todo, de todo el sufrimiento que le toque, que ojalá sea poco, de todas las penurias que tenga que pasar, que ojalá sean las menos, vale la pena andar por la vida, aunque sea este rato.
Te iba a dejar de escribir, porque ya casi no hablo de vos con nadie y porque no me gusta que me pregunten por vos. Pero hay días como estos, que te extraño tanto, que extrañarte no tiene consuelo. Y me gustaría que estés acá y que te sientes al lado mío y me digas que todo va a estar bien, porque siempre me convencías. Aunque yo sepa que va a estar todo bien, estos días que son toda alegría y esperanza y miedo y llanto hormonal, te necesitaría cerca.
Entonces, si te necesitaría cerca, cómo dejar de escribirte. Cómo dejar de contarte que después de todo lo que estuvo pasando, de todo lo que pasamos, de todo lo que todavía falta pasar, voy a tener un bebé y que ya es el más lindo del mundo y que, no sé bien cómo, lo quiero tanto que me duele.
Y cómo ignorar que desde allá, una vez que salga de la panza, lo van a estar mirando, porque me gusta pensar esa gilada del cielo, porque hace el mundo un poco mejor, porque algo tiene que haber.
Eso, voy a tener un bebé. Soy muy feliz. Tengo mucho miedo. Lloro mucho, me dicen que por las hormonas, yo que sé.
Viste? Yo quería mi final feliz. Obtuve un principio feliz. Y vos lo tenías que saber.
Te extraño un poco más que siempre.

No, no te voy a dejar de escribir.
No creo que pueda.
A million faces pass my way
they're all the same, nothing seem to change anytime I look around
who knows just what the future holds
all I want to know is if it's with you

jueves, 30 de octubre de 2008

Tipología

Por suerte, ya está escrito. Lo más triste es que el mundo está lleno de estos y algunos son capaces de tener las cuatro caracteristicas juntas. Salió en Página/12. Lo copio acá:

Boludo, pelotudo, necio y cínico

Por Carlos D. Pérez *

Me he permitido distinguir una secuencia tipológica de categorías que solemos mezclar sin rigor. Cuatro palabras, cuatro perfiles, cuatro riesgos, cuatro desafíos.

  • Boludo

En un mundo donde, por poner un número, a partir de los tres años de edad no hay inocencia, el boludo es una excepción. Le han crecido, aunque ignora para qué; absorto en su rigurosa idiotez, ve sin mirar las venturas y desventuras que lo circundan.

El apelativo suele emplearse como insulto, pero el boludo nos produce una secreta envidia, porque nos sabemos no inocentes y nos gustaría serlo. Por esta razón a veces le adosamos un especial calificativo, cuando decimos de alguien que es un “boludo alegre”. Y no es cierto, no es alegre, porque en la carrera de los boludos se distrae escarbándose el ombligo y, por boludo, no gana. También hay sabios que lo hacen y abandonan carreras, pero a sabiendas. ¡Freud mío, esto de la boludez, que parecía tan simple, se me está complicando! Lo soluciono de modo lacónico: el boludo no puede ser feliz porque ignora la felicidad; no me pregunten por qué, no podría responder, no trato de hablar de esa esquiva sensación. El goce del idiota me es ajeno como a cualquier no boludo, a menos que... Cuando los boludos tomen la palabra quizá podamos enterarnos de algo más, pero entonces serán tan vulgares como cualquiera de nosotros.

Sucede que asociamos a esa condición la idea de felicidad paradisíaca, formados como estamos por la Biblia, ya que el boludo alegre por antonomasia fue Adán, antes de que Eva apareciera en su horizonte y, con ella, la conciencia dilemática del ser sexuados. Y al perder la inocencia también perdieron el Paraíso. Cuando la vida nos pesa, añoramos esa antelación. Lo supo el político más hábil que tuvo la humanidad: poniendo del revés la secuencia ante la masa de acólitos, colocando el Paraíso como afortunado destino, dicen que dijo en un sermón: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”.

  • Pelotudo

Reducido a una frase, sería como decirle a alguien: “No te hagas el boludo, ¡pelotudo!”. Roberto Fontanarrosa, en célebre intervención en un Congreso de la Lengua, distinguió en “pelotudo” un énfasis especial; para continuar la línea fontanarroseana, agrego que “boludo” carece de énfasis. El pelotudo no tiene derecho a la ignorancia, estratagema a veces hábil que este personaje esgrime como salvoconducto.

Al decirse aquello de “sólo sé que nada sé y por eso algo sé, que nada sé”, Sócrates instaló el dispositivo de su filosofía, y cuando en un destello de lucidez alguien exclama ¡pero si soy un pelotudo!, instantáneamente se vuelve filósofo, y si no lo hace por sus propios medios debiera agradecer a quien ejerza la mayéutica socrática desenmascarando su pelotudez. Por algo se empieza; aquel griego nos enseñó que es el modo de empezar.

  • Necio

El necio, en cambio, es un obcecado con su pelotudez. Incapaz de conciencia socrática, convierte la banalidad en creencia y declama pelotudeces como verdades consagradas, a riesgo de cometer estragos. Mientras el pelotudo es inofensivo, el necio ofende, pero si le discutimos corremos el riesgo de colocarnos en posición simétrica, ventilando secretas necedades; en esto encuentro la inteligencia del refrán que contrapone oídos sordos a palabras necias.

Cuando la convicción del necio adquiere mayor relevancia, desemboca en el fanatismo. Fanático es quien, enarbolando como cualidad su propia limitación, apunta a la militancia social. La necedad es personal, el fanatismo ama lo masivo. Hitler, con su creencia fanática en la superioridad de la raza aria, fue un necio que congregó multitudes. Porque el necio libra con unción su guerra individual, pero llegado al fanatismo se embandera con su “causa” e incita con sus argumentos. No sé si el necio, sobre todo el fanático, muere por su bandera, pero es capaz de matar por ella.

  • Cínico

A diferencia del necio, el cínico es hábil; eso lo convierte en adversario difícil. Sin ignorar las limitaciones de su posición pero diestro en retórica, su meta es convertirnos en necios. Si el necio suele provocar ese efecto de modo involuntario, para el cínico es deliberado; no hay cínico sin un coro de necios, su estrategia los necesita. Muchos de los “comunicadores sociales”, ni qué decir los políticos, son cínicos que cultivan la necedad de sus seguidores. Y cuando los necios creen estar al comando de una creencia, los cínicos celebran.

¿Podríamos aspirar a una sociedad sin este cuarteto tipológico? Sería la sociedad perfecta, pero es impracticable. Somos humanos y por serlo no estamos exentos de lo antedicho, aunque tampoco estamos impedidos de advertir que día a día nos movemos entre una caterva de boludos, pelotudos, necios y cínicos, a menudo como uno más del conjunto; entonces nos despabila un tiempo de despertar y nos preguntamos: “Pero, entonces, ¿qué soy?”. No es poca cosa esa pregunta que los boludos ignoran, los pelotudos resisten, los necios niegan, los cínicos gambetean.

* Psicoanalista. Fragmento de Tiempo de despertar, de próxima aparición (ed. Planeta).