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miércoles, 24 de febrero de 2010

Indestructible

Hace unos días, alguien que quiero mucho me dio esa definición de mí:
"Pero si vos sos indestructible", me dijo.
Me dio pena saber que tenía esa imagen. Me dio pena por mi, claro. Porque pasa algo extraño con lo indestructible: la gente, cualquiera, cree que hay que probar siempre lo que es indestructible. Aplicarle todas las fuerzas posibles, torcerlo, intentar partirlo, apoyarle mucho peso, exponerlo al más inclemente frío o al peor calor, en fin, probar de todas las maneras posibles su calidad de indestructible intentando por todos los medios, obvio, poder destruirlo.
Por otro lado, me hago cargo de que esa debe ser la imagen que yo proyecto. "Peguele que no le duele" "Se dobla pero no se rompe" "Se las arregla" "Se la banca".
Y la verdad, nunca tuve un momento de mayor fragilidad que este. Me pregunto qué es lo que se verá desde afuera. Me pregunto, muchísimas veces, qué es lo que hay que mostrar para que a uno no lo crean indestructible.
Mejor: ¿qué tendría que hacer yo para que el mínimo grupo de personas que me interesa, se de cuenta de que estoy partida en dos millones de astillas? Concretamente, digo.
¿Debería tirarme en la cama a morir?
¿Debería aparecer en los lugares llorando a moco tendido?
¿Tendría que tirarme por la ventana?
¿Qué es lo que hay que hacer?
¿Hay que gritarlo, remarcarlo, recordarlo? ¿Dar pena? ¿Encerrarme?
¿Tendría que dejar de reírme, de hacerme la graciosa, de cantar, de mover el pie cuando suena algún tema?
¿Hacer voto de silencio?
¿Sacarme fotos cuando voy llorando al cementerio?
¿Hacer un video de todas las horas en las que lloro, sin que nadie me vea, para que me vean?
¿Qué es lo que hay que hacer?
Porque sucede que, cuando con mucho esfuerzo -pero mucho, mucho- uno intenta sobreponerse a sus tragedias, los demás, el genérico "la gente", cree que uno va a sobrevivir a todo. A cualquier cosa que le pase.
Yo no sé lo que hay que hacer, la verdad. En otro momento, cuando estaba triste por la tristeza en sí, se me ocurrió que lo mejor era aislarse. No sé, tampoco, si esa es la respuesta. A esta altura, desconfío de casi todo lo que se da como una verdad absoluta.
Lo único que sé es que no, ni ahí soy indestructible. Tengo las marcas de todos los arreglos que hicieron en mi cuerpo, por funcionamiento defectuoso. Y tengo un montón de palabras de consuelo, por las otras heridas.
Hace muchísimos años, en un colectivo, subió un vendedor ambulante a vender unos juegos de peines. Mostraba uno, mostraba otro, para el bolsillo del caballero y la cartera de la dama. "Totalmente indestructibles" dijo. Y se puso a doblar un peine de tamaño de mediano a chico, para un lado y para el otro. "Observen, observen la resistencia de este artículo." Y en la última maniobra, el peine se partió al medio.
Un consejo a los que lean: no parezcan nunca indestructibles.
El mundo no tendrá más intención que probar que no lo son.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Cosas que pasan

Perder un amigo.
Hacer la pregunta que no debe hacerse.
El silencio de la casa.
Una idiotez que lo estropea todo.
El insomnio.
El dolor.
Que te dejen de hablar.
No hacerse entender.
Disimular.
Que te digan "pensá en vos".
Llorar.
Buscar algún consuelo.
No encontrarlo.
Intentar salir.
Encerrarse.
Callarse.
Intentar.
No poder.
No poder más.
Volver a llorar. Por una pavada, por dos, por tres.
Esperar que te hagan el aguante en donde no quieren/pueden hacértelo.
Dejar de ser.
Volverse otra cosa.
Dejarse llevar.
Desaparecer.
Vivir, porque no hay más remedio.

Hay que llorar, sufrir, desangrarse, morirse y, si hay suerte, volver a nacer.
Cuando no te pasa nada, todo el mundo te pregunta qué te pasa.
Cuando te pasa algo, ya ves.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Preguntas

Miércoles 11 de noviembre
Empezamos tianatación con la preciosura.
Cuando terminó la hora de patadas y zambullidas, fuimos al vestuario a cambiarnos.
La preciosura habla todo el tiempo, no para de hablar.
Después de vestirla, me tocó el turno a mí de sacarme la malla mojada.
Ella se quedó parada, esperando que yo me vistiera.
En un momento, me espió por la cortina del cubículo que funciona como ducha y vestidor.
-¿Puli no está más en tu panza?
-No-, le respondo.-Puli no está más en la panza. Vos sabés dónde está.
-Sí. En el sanatorio.
-No. No está en el sanatorio. Vos sabés dónde está.
-¿Dónde está?
-En el cielo.
-¿Por qué?
-Porque está con Dios.
-¿Por qué está con Dios?
-Por favor, Sofi, ¿me sostenés las ojotas?

No tengo respuesta para esa pregunta.

Ella dejó de preguntar.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Lo que se dice

cuando uno está todo el día en el servicio de Neonatología

  • "Puta, llego tarde."
  • "Que esté todo bien, que esté todo bien, que esté todo bien. Dios mío, que esté todo bien."
  • "Hola, mi amor. Hola, hermosa. Hola, hija"
  • "¿Hizo caca? ¿Cuánto pesa? ¿Por qué tiene esa vía? ¿Está todo bien? ¿La puedo tener a upa?
  • "Estaba la reina batata, sentada en su plato de plata.", etc.
  • "No, no. No te arranques el respirador."
  • "Linda, te quiero mucho." "Mirenme, soy feliz entre las hojas que cantan", etc.
  • Monólogo interior: "Setenta y seis días. Setenta y seis noches. Estoy cansada" Voz alta: "Qué linda que sos. Te quiero, Paulina."
  • "Me estás mirando! Y te reís!"
  • "En un ratito, llega papá. Viene papá, viva!"
  • "Llegó Papá! Bieeeeeeeeen!"
  • "Querés tenerla un ratito?"
  • Monólogo interior: "tengo hambre." Voz alta: "de qué te reís, preciosura?"
  • "Te acompaño hasta el trabajo"
  • Monólogo interior: "Camino por Corrientes, miro lo que hay en Once. Doblo por Larrea hasta Córdoba; camino una cuadra por Córdoba y me vuelvo al sanatorio"
  • Monólogo interior: "Estoy cansada. No me tendría que haber ido. Me tengo que sacar leche. Que esté todo bien, que esté todo bien, que esté todo bien. Dios mío, que esté todo bien"
  • "Y tu bebé, cómo está?" "Me alegro" "A qué hora nos dejan pasar?"
  • "El sacaleche me tiene podrida. ¿Cuándo se va a terminar esto?"
  • "Hola, Pauli, cómo te portaste?"
  • "¿Hizo caca? ¿Está todo bien? ¿La puedo tener a upa?
  • Popurrí de canciones.
  • Monólogo interior: "tengo sueño, tengo sueño. Mucho sueño. Me tiraría al piso a dormir. Tengo mucho sueño. No me puedo dormir. Y si se me cae la nena? Concha de la puta lora."
  • "Me voy a tomar un café y vuelvo."
  • "Un café en jarrito, sin cortar"
  • "Volví. ¿La sacamos?"
  • "Te duele la panza? No llores, Paulina. ¿Estás incómoda? Cuando estemos en casa vamos a (lista desplegable de probables actividades); no llores. Ya está, mi amor. Ya pasó.
  • Monólogo interior: "Se acabó el rollo de cocina, el papel higienico, la coca, el detergente. Hay que ir al supermercado. O pasar por el chino. ¿Qué vamos a comer, hoy?"
  • Tarareo en m de The Scientist.
  • "Había una vez un bru, un brujito que en Gulubú", etc.
  • "Había una vez una vaca, en la Quebrada de Humahuaca", etc.
  • "Te hiciste caca?"
  • Monólogo interior: "Casi un día menos. Casi otro día vencido. Fuerza, hijita. Vamos que falta menos."
  • "En un ratito viene papá. Sí, en un ratito, viene papá de trabajar"
  • "Te dormiste".
  • Silencio. Monologo interior: "Quiero dormir un año completo. No sé cómo voy a hacer mañana para hacer esto otra vez. Tengo que llamar a mis amigas. Tengo que llamar a mi mamá. Tengo que llamar al trabajo. Tengo que presentar la carta pidiendo la licencia. Tengo que, tengo que, tengo que."
  • "Qué te pasa? Te duele la panza? Tenés frío? Tenés calor? Tenés sueño? Por qué llorás? Cuándo vas a llorar a los gritos, así puedo saber qué te pasa? Por qué los bebés no nacen sabiendo hablar?
  • "El ciempiés es un bicho muy raro", etc.
  • "Ya viene Papá. Dale, Pauli. Ya viene."
  • "Llegó Papá! Bieeeeeeeeeen! Viva!"
  • "Marina, le pasamos la nena al papá?"
  • Monólogo interior: "Cuándo vamos a estar en casa? Cuánto más falta? Cuántos días, cuántas noches, cuántas horas? Por qué siempre hay que esperar tanto para todo? Por qué tuvimos que pasar por esto? Por qué tenemos que pasar por esto? Por qué siempre todo cuesta tanto sacrificio? Cuándo empieza la vida real? Cuándo me voy a olvidar del sanatorio? Cuando me voy a dejar de sentir asustada, llorosa, cansada, triste, preocupada? Cuándo?"
  • Monólogo interior escondido detrás de una sonrisa: "Estoy muy cansada pero no me puedo quejar. Si yo estoy cansada, Paulina está más cansada que yo. Buena cara. No llorar. No llorar nunca delante de la incubadora, ni de la nena. Tengo que lavar la ropa. Hay jabón? Hay que planchar la ropa. Tengo que sacarme leche. La concha del sacaleche."
  • "Todo bien, vos?"
  • "Sí, se portó re bien, hoy." Monólogo interior: "No tengo fuerza ni para hablar."
  • "Sí, vamos." Monólogo interior: Pasará bien la noche? Me extrañará? Le harán upa, si llora? Tendrá miedo cuando se queda sola? Se olvidará para siempre de esto? Y si nos quedamos a dormir acá, en un rincón? No me quiero ir pero no me puedo quedar. Siempre lo mismo: Querer vs. poder. Qué mierda."
  • "Hasta mañana, mi amor. Te quiero mucho." Monólogo interior: "Te extraño mucho. Portate bien. No llores. Mamá te adora más que a su vida. No deja nunca de pensar en vos. Se va pero siempre está con vos. No te sientas sola. Te quiero, hija. Te quiero mucho, mucho, mucho."
  • Monólogo interior: "A seguir la vida en casa. Hoy tampoco voy a poder dormir."



Setenta y seis días. Setenta y seis noches. Todavía falta un poco más.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Postal urbana

Un edificio encajonado frente a una ventana o al revés: una ventana frente a un edificio gris, encajonado y lleno de ventanas que, como ojos, me miran.
Son ventanas viejas, sucias, rotas. Son ojos cansados.
Desde el óxido, esperan una respuesta, una reflexión, una decisión. Esperan algo.
Cortinas de enrollar torcidas; palomas anidando en los huecos en donde supieron estar los equipos de aire acondicionado; cables que cruzan la pared manchada de mugre de ciudad, en líneas raras, como si fueran venas, como si a todos esos ojos, alguna vez, se les hubiese dado por llorar.
El cielo está gris. Se prepara desde hace rato para una tormenta que no llega.
Y las ventanas mirándome, todas ellas, preguntándome una y otra vez:
¿Qué vas a hacer cuando llegue la tormenta?
¿Qué vas a hacer?
Y yo no sé qué responder.

miércoles, 29 de abril de 2009

Estado del tiempo


Querido diario:

Hoy no sé donde ponerme.

martes, 28 de abril de 2009

Postal after office

El hombre está sentado frente a mí. Yo lo miro a la distancia, no tengo mucho que hacer. Espero un café con leche. Espero que pase la hora. Espero.
Con el hombre, está sentada una mujer. Tiene el pelo lacio, cortado en capas. Es menuda y tiene el torso volcado hacia adelante, como si quisiera traspasar la mesa con su cuerpo.
El la mira embobado. Desde donde estoy, le puedo ver los ojos. La come con los ojos pero le presta atención. Escucha atentamente todo lo que, supongo, ella dice.
De repente, ella le pasa la mano por la cara. El se deja acariciar. Ella le toca la cara, el pelo, las orejas. A una mesa de distancia, se adivina -o ellos dejan adivinar- que se desean mucho.
Casualmente, acá a la vuelta hay un telo, pienso y me decido a mirar una revista porque me da vergüenza fisgonear esa imagen tan intima de dos que no conozco y no conoceré nunca, pero me llaman la atención.
Son la única pareja del bar. El tiene una camisa celeste impecable. Se lo ve prolijo. No lo veo pero intuyo que tiene el pantalón perfectamente planchado. Ella se puso una remera negra que le marca la cintura. Mueve el pelo, se lo acaricia.
Ahora, él le tiene agarrada la mano. Se la pasa por la boca y el gesto no es obsceno. Es un gesto de amor. Habla con la mano de ella en la boca, acariciándole la palma con los labios.
No es un tipo "lindo", pienso. No es un tipo que una, yo, cualquiera, se daría vuelta a mirar y, sin embargo, ella no le saca la vista de encima. No mira los autos, no mira la gente que camina por la vereda, no se asusta con el colectivo que dobla. Sólo lo ve a él y él la ve a ella. Ninguno de los dos me ve a mí, viéndolos.
Y ni por un momento se me ocurre pensar que están casados. Hay algo que denuncia. Hay algo que hace sospechar.
Quizás sea la hora.
Quizás sea el lugar.
Quizás sea que hablan mucho y se prestan atención.
Quizás sea que no están aburridos de verse y que aún no se dijeron todo lo que se tenían que decir.
Quizás sea que se tienen muchas ganas. De lo que sea. Ganas que se notan.
Pago. Tengo que irme. Me espera el sanatorio y la nena y las enfermeras.
Pago y empiezo a pensar en volver a mi destino de los últimos días.
Y entonces, un detalle. Me doy cuenta que los anillos que veo en sus manos no son iguales.

Y me da un poco de pena.

martes, 7 de abril de 2009

Radiografía

Y dice el Facebook que yo soy esta canción de Radiohead.
Si él lo dice...
Aunque FB no sabía que es una de mis canciones favoritas.
Qué maravisha el Facebook. Qué maravisha. Pick you five fav.


Knives Out



I want you to know
He's not coming back
Look into my eyes
I'm not coming back

So knives out
Catch the mouse
Don't look down
Shove it in your mouth

If you'd been a dog
They would've drowned you at birth

Look into my eyes
It's the only way you'll know I'm telling the truth

So knives out
Cook him up
Squash his head
Put him in the pot

I want you to know
He's not coming back
He's bloated and frozen
Still there's no point in letting it go to waste

So knives out
Catch the mouse
Squash his head
Put him in the pot


martes, 2 de diciembre de 2008

Grillos

Supongamos que estás cansado, agotado, harto. Supongamos que te sentís invisible y que nadie se da cuenta -porque no presta atención, no quiere, no puede y/o no le importa- que justo ese día, esa noche, necesitás porque sí, porque alguna vez te toca, una dosis extra de atención.
Supongamos también que sos alguien que cuando ve que alguno en su alrededor está triste o molesto o necesita una dosis extra de atención, la das, sin ponerte denso. Supongamos, nada más. Son todas suposiciones.
Supongamos que justo una noche en particular, por el motivo que sea, necesitás que alguien te defienda, que te haga de escudo, sobre todo para que los demás no te pasen por encima.
Supongamos que estás harto de ver como cualquier hijo de vecino, dice lo que se le viene a la boca porque sí y cómo cuando lo hacés vos, es un escándalo.
Sigamos suponiendo: supongamos que en un esfuerzo descomunal pedís algo: que te llamen, que te tengan en cuenta, que te demuestren un poco lo que sienten por vos.
Supongamos que ya lo pediste bien, mal, torcido, derecho, a los gritos.
Supongamos que esperaste para ver resultados. Supongamos que algunas veces necesitás que te palmeen el lomo, que alguien esquive las balas por vos, que te tengan la misma paciencia que procurás tenerle a los demás.
Supongamos que ya ni te enojás con los olvidos. Supongamos que ni siquiera sacás para afuera la tristeza. Supongamos que todo te pasa junto, porque las cosas no pasan de a una.
Supongamos que una noche como hoy, después de pedir, de gritar, de hacer mil doscientos esfuerzos porque alguien piense medio segundo en vos, escuchaste grillos. Sólo grillos.
Grillos. Y si ese no es el sonido de la peor soledad, entonces, no sabés cuál es.
Decidis que lo mejor es encerrarse en una cueva que esté lo suficientemente lejos y lo suficientemente cerrada como para que nadie te vea.
Total, sos invisible. El mundo va a seguir igual.


sábado, 22 de noviembre de 2008

Una verdad más y van...

Lo saqué de acá

Todos sabemos lo frágiles que son las burbujas de jabón.
Todos hemos visto cómo se deshacen cuando intentamos apoderarnos de ellas.

sábado, 5 de julio de 2008

Las preguntas y las respuestas

Me resulta inevitable preguntarme cosas estos días. Me resulta inevitable responderme.
Toda la noche de ayer, todo el día de hoy, la misma pregunta: ¿seríamos felices?

Hay una voluntad para ser infeliz. Una voluntad que no aparece a la hora de la felicidad.
Como si ser feliz, proponérselo, intentarlo todo, aún aquello que no va a llegar a ninguna parte, fuera una idiotez.
Ser feliz no tiene buen marketing.
Sufrir, torturarse, quién sabe por qué, está mejor visto.
Me pregunto quién habrá inventado eso.
Quién fue el primero que dijo que ser feliz es ser medio estúpido, reírse de los árboles, vivir en las nubes. Porque es un pensamiento bastante errado. O quizás, sea mi concepto de felicidad el que no está bien.
Porque alguien feliz, desde estos ojos que ahora miran lo que escribo, estaría conforme con la vida que lleva pero no se conformaría, con lo que hay, con lo que tocó.
Dormiría tranquilo, por las noches, sin pensar en el esfuerzo sobrehumano que hay que hacer para levantarse.
No se resignaría a que las cosas son así.
Nadie puede ser feliz teniendo como base la resignación.
Ser feliz es mucho más dificil que no serlo.
Nada más basta mirar el mundo para que la felicidad sea imposible.
¿No alcanza esa única complicación, que además, hay que agregar una voluntad manifiesta para ser infeliz?
Yo quiero ser una persona feliz, en este mundo que permanentemente pinta la felicidad como una pelotudez olímpica. Quiero estar conforme con mi vida, sin tener que conformarme con lo que me tocó, con lo que hay, qué le vamos a hacer, es el destino.
El destino lo hace uno, cada día, todos los días. No es fácil. No es rápido. No es liviano. Hay que remar.
Hace años que la remo. Soy una buena remadora.
Ya resigné demasiadas cosas. Resigné volver a ver las caras de mis abuelos y de mi papá; a poder darme algunos lujos y a que mi vida no sea exactamente lo que siempre pensé que sería.
¿Tengo que resignar muchas otras cosas?
No quiero.
Esa es la respuesta. No quiero resignar nada más.
Quiero ser una mujer feliz.
Eso no me va a convertir en una idiota.
Al menos, no me convertirá en una mujer más idiota de lo que soy, desde siempre.
Ser infeliz no está bueno.
Andar por el mundo con cara de torturado no está bueno.
Vivir resignado no es vida.
Hay algunas cosas -unas pocas cosas- por las que vale la pena remar.
Nadie quiere sufrir. Pero, a veces, el precio que hay que pagar por una dosis mínima de felicidad, es un poco de sufrimiento.
Yo preferiría no sufrir. Es cierto.
Pero nunca voy a ponerme al servicio de la infelicidad.
Fui infeliz demasiado tiempo como para seguir pateándome en contra.
No estoy preparada para eso.

¿Seríamos felices? Sí, seríamos felices.

Para serlo, deberíamos ser valientes. La valentía tampoco cotiza en bolsa, últimamente.
Entonces, ¿qué hacemos? ¿qué vamos a hacer?
Son las dos preguntas que todavía no me pude responder.

sábado, 24 de mayo de 2008

Oído en un bar

Amiga1: Lo que yo no puedo creer, boluda, es que es el tipo más cariñoso con el que estuve.
Amiga2: Y, sí.
Amiga1: Qué garcha. Justo el más cariñoso tiene que ser casado.
Amiga2: Por eso es cariñoso. Si fuese soltero sería un boludo más.

jueves, 8 de mayo de 2008

Espejo

Que no sos lo que querés, ya lo sabés. Pero que con lo que pudiste hacer, estás conforme, no lo dejás pasar.
Que la mayoría del tiempo intentás no dar pena y que a veces, les hacés creer a todos que tenés la espalda más ancha y más fuerte y que si te pegan, no te duele.
Que no llevabas la cuenta de todo el tiempo que había pasado desde la última vez que te trataron con suavidad, con cariño. Y que te habías olvidado cómo se sentía eso. Y ahora, que te volvió el recuerdo, comparás y comparás para atrás, porque no te perdonás las metidas de pata y al mismo tiempo, estás cada minuto midiendo lo que hacés y decís, para no meter la pata, de nuevo. Esto no es vida, así, che.
Que aguantas casi todo, con ironía y haciendo chistes.
Que tenés miedo pero no se te nota.
Que hay días, como hoy, en donde todo se tiñe de un color amargo, más amargo que tu humor al despertarte.
Que la mayoría del tiempo, te obligás a decidir, a querer, a comer, a pensar, a dormir, a vivir.
Que te guardás más de lo que deberías.
Que en estos días, como hoy, como ayer, te sentís sola, fané y descangallada.
Te da miedo la gente. No te dan miedo las personas. Pero las personas son difíciles de conocer y vos lo sabés bien, porque sos la primera que no se deja conocer, nunca, del todo.
Te viste unas canas nuevas. Alguna arruga. Te sacudiste un poco el culo y lo notaste caído. Suspiraste.
Sabes que mañana te vas a levantar, porque siempre te levantaste, y vas a hacer todo lo planeado durante el día. Cumplís con tus obligaciones, siempre. Con tu palabra, casi siempre.
Te duele el cuerpo pero es un dolor tan antiguo que ya no podés decir exactamente dónde te duele y ni siquiera estás segura de que sea el cuerpo lo que te duele.
Pensás en cuánto tiempo falta para que termine la tristeza porque un día tiene que terminar.
Te acordás de Styron: "Mi malsana tristeza, una marea tóxica e inenarrable, una forma de tormento, un trance de malestar supremo, el desvalido estupor, la vejación del insomnio, una forma de repudio derivado del autoaborrecimiento (distintivo señero de la depresión), ese lóbrego y tenebroso talante del color del verdín, el cataclismo inmediato que conmovía mi ser, la voz de la depresión, mi asedio, la espiral descendente, inmensa y dolorida soledad, una tormenta de tinieblas, gris llovizna de horror, la muerte soplando sobre mí en frías ráfagas, la desolación, el horror como una niebla compacta y venenosa. Se ha desvanecido cualquier sentimiento de esperanza, toda idea de futuro, es la desesperación lo que apabulla mi alma, una situación de herido ambulante que vive pegado a su lecho de clavos dondequiera que vaya, moviéndose de tortura en tortura, ordalías indistinguibles de nebuloso horror, este suplicio sin fondo, un simulacro de todo el mal de nuestro mundo, la desesperación más allá de la desesperación." Y pensás que estás mejor que antes, pero cuando te toca un día como hoy, te pegás tal julepe, que no sabés para dónde correr porque no podés volver diez meses para atrás. No querés. No debés.
Mañana se te va a pasar, porque siempre se te pasa y si no se te pasa, lo sabés, lo vas a esconder atrás de una ropa de payaso, de unas capas de maquillaje, del flequillo, porque vos no das lástima, al menos, no das lástima adrede. No sacás provecho de ella. Vos no sos moneda.
No pedís. A veces, das más de lo que deberías. Y de lo que otros quieren o necesitan. A lo mejor, es hora de empezar a pedir. A los gritos o como te salga. Empezá.
Escuchaste todo lo que te dijeron hoy y ayer y antes de ayer y antes de antes de ayer. A veces, escuchás demasiado. No deberías prestar tanta atención pero tenés algún instrumento descalibrado en la cabeza y todo pasa, todo se queda grabado. Format C.
No sabés lo que querés. No tenés proyecto a largo plazo. Caminas día a día y los días pasan, uno atrás del otro, rápido, cada vez más rápido.
Estuviste triste. Probablemente, algunos otros días, estés triste y nadie lo note, salvo los que estén muy atentos, que ya sabés, son pocos. Porque sos así. Andás con eso de que cada uno tiene lo suyo y para que sumar lo de otro. Y se los aplicás a todos, menos a vos.
Y estás cansada, porque vos, algunos días, estás muy cansada. No parece pero estás muy cansada. No se sabe bien por qué ni de qué.
Y necesitás, como cualquiera, que te digan cosas lindas y que te traten bien; que te digan un piropo o que te extrañan o que te quieren o que les gusta estar con vos; que sos divertida y buena y muy inteligente y hermosa; que te lo digan aunque sea mentira, que te convenzan, que te lo hagan creer tan bien, que te asombres de creerlo y te dé risa. Que sos una mala torpe, una mala de sitcom. Una maldita, como tantas otras, adorable. Y que eso también te provoque risa.
Y que de tanto reírte, te duela la cara, la panza, los brazos, las piernas, como cuando te hacían cosquillas.
Te vas a dormir con la tripa hecha un nudo. Pero pasará, ya pasará. No sabés cómo. No sabés quién. Siempre que te vas a caer, alguien te sostiene. Será jueves todo el día. Vas a sobrevivir, ya sabés.
No sos la única, che. Hay millones de personas, en este mismo momento, que se sienten como vos.
Andate a dormir. Mañana será otro día y hay que afrontarlo con alegría.
De dónde la vas a sacar, quién lo sabe.
Pero, nadie sabe nada, nunca. Y vos, menos.
Que sueñes con los angelitos, menos, con este diablito.
Todo eso te dijo el espejo, esta noche, little speedyhead.



domingo, 27 de abril de 2008

Ruido

Hace unos días que hago todo bien. Al menos, hace unos días que tomo las decisiones correctas. En cada caso, mis decisiones son las mejores que puedo tomar.
Todos seremos más felices, estaremos mejor, nuestra vida será buena. Son decisiones acertadas. Cuidan a los otros y me cuidan a mí. Están pensadas para que nadie termine sufriendo ni salga lastimado. Para que ni el menos involucrado, si llegase a enterarse, pudiera salir lastimado.
Y sin embargo, aún con la convicción de haber decidido lo mejor para todos, habiendo tomado las decisiones por las que la gente que me quiere, mucho y bien, me felicita; siento una angustia horrible. Una angustia de mierda. Eso. Y la cabeza me hace mucho ruido. Y otra vez, sin dormir.

Dar un paso adelante, retroceder, dar un paso al costado, quedarse quieta, no dar un paso en falso. Mucho ruido. Mucho. ¿Si estoy contenta con las decisiones que tomé? No. ¿Si creo que tenía que tomarlas? Sí.
Alguien tiene que hacer el trabajo sucio.
Vete, destino.

Karma hijo de puta

jueves, 6 de diciembre de 2007

Saludo

Le enseñaron a saludar antes de irse y al volver. Un día, cuando tenía diez años, preguntó por qué había que saludarse tanto. Le dijeron:

El beso de la bienvenida es porque te volvés a ver.
El beso de la despedida es por si no volvés a verte.

Le quedó eso retumbando en la cabeza.
Cada despedida, entonces, la vive como una muerte en miniatura.